Danzar es estar fuera de una misma. Más grande, más hermosa, más poderosa.
Esto es poder, es la gloria en la tierra y es tuya, para que la utilices.

- Agnes de Mille -

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El respeto hacia la figura del maestro II

"La solución comienza desde lo pequeño"

Como dice el título, nadie puede solucionar todos los problemas de golpe, pero se pueden ir haciendo mejoras desde lo pequeñito, desde el día a día. Veamos algunas. Vamos a empezar primero con actitudes relativas a las alumnas (que son más en número) y luego con algunas observaciones para las maestras, a continuación.

UNA MAESTRA NO SERÁ EL PAPA NI LA REINA SOFÍA... pero tampoco es tu hermana, ni tu prima, ni tu vecina.

Muchas veces las maestras que tienen un carácter afable y cálido ven cómo una alumna confunde esa cercanía tomándose la atribución de hablarle con poco cuidado o "malos tonos" descansando en la tranquilidad de que, como esa maestra "es buen rollo", no se lo tomará a mal. Cuidado, que no es lo mismo. Si tienes la suerte de tener una maestra de buen carácter y dulce y simpática, disfruta de esa calidad de trato -siempre bienvenida-, sin olvidarte que dentro de la clase, ella es alguien que tiene algo que tú no tienes y por la mera razón de que ella te lo está brindando (y tú lo estás recibiendo) deberías tratarla con la delicadeza y la cortesía con que te gustaría que te trataran a ti.

Cortesía sí, y no sumisión, puesto que tu maestra no es tu dueña.

UNA MAESTRA PUEDE NO TENER LA RAZÓN, pero nunca la desautorices frente a la clase.

Aunque parezca obvio decirlo, una maestra es una persona, y por supuesto, tiene sus días y sus imprecisiones. Y sobre todo, tiene sus propias formas de hacer, encarar, enfocar y explicar las cosas. Por eso, si no estás de acuerdo con el cómo ella se desempeñó en algo durante la clase, espera al final de la misma y, con discreción y amabilidad, le comentas tu opinión al respecto. Si ella no pudiera escucharte por falta de tiempo, le escribes un mail, y seguramente lo leerá y conocerá tu punto de vista. Y conociéndolo, o bien te hará un comentario la próxima vez que te vea, o bien hará algún comentario durante la clase sobre la observación que hiciste cuando vuelvan sobre ese tema, del tipo "hay varias opiniones al respecto de este tema...".

Ya ves, no necesitas generar ninguna tensión o enfrentamiento en clase, ni se trata de imponer ningún punto de vista y mucho menos, quitarle "peso" a la palabra de tu maestra. Puede que tu comentario lo hayas hecho con buena intención en el fondo, pero hay momentos más adecuados para hacerlo.

SI TE HACES AMIGA PERSONAL DE TU MAESTRA... cuidado con los límites, porque dentro de la clase, sigues siendo su alumna.

A veces sucede que una maestra encuentra en alguna alumna alguien con quien compartir gustos o actividades fuera y dentro del ámbito de la danza, o siente simplemente mucha afinidad del tipo intelectual, espiritual, artística, etc, con ésta. Con sensatez y una buena dosis respeto nada debería ir mal en este tipo de relación, pero... muchas veces estos casos suelen dar como resultado un vínculo bastante problemático.

Todo comienza con una mala delimitación de los ámbitos, porque a veces la maestra cree que poner claros los límites suena un poco "fuerte" o "brusco", pero si tú eres su alumna y la respetas, debes recordar siempre que la amistad que te une surgió gracias a que dentro de la clase fueron desde el principio "maestra-alumna" y esto, (dentro de este espacio) no tiene por qué cambiar. Lo que cambia es lo que ocurre afuera, sí, pues habrá más encuentros con ella, más cosas que hacer juntas, más cercanía. Es sólo aquí donde tú podrías llegar a "reclamarle"o "reprocharle" algo (si la confianza entre ambas lo permite).

No existe ninguna regla que diga "no puedes ser amiga de tu maestra", pero por respeto, ten cuidado de no hacer las cosas más complicadas mezclando los espacios. Intenta ser "profesional" en este sentido, ya que la posición que ocupa tu maestra lo pide así, en cierta forma. Si cuando se dice eso de "no te lleves mentalmente el trabajo a casa" lo comprendes bien... pues esto es lo mismo.

SI TU MAESTRA TE AYUDÓ, es un buen gesto ayudarla.

A menos que se trate de una persona que sólo busca ganarte a base de favores con el objetivo de tener una "clienta fija" a lo largo del curso, una buena maestra intentará procurar ayudarte siempre que le pidas información, opinión o consejo; también cuando te lleve a bailar con ella, te preste sus accesorios, o te recomiende para una actuación. Y lo hará, seguramente, sin esperar que tú le devuelvas nada, porque eso que te brinda, de alguna manera, es parte de tu formación.

En este aspecto, tú, como alumna y sin ninguna presión para hacerlo, puedes mostrarle tu agradecimiento acordándote de ella cuando te pidan que recomiendes a alguien para un show o taller, o si la ves claramente preocupada por algo, no le exijas perfección, ni que esté pendiente de ti 100% en la clase en ese momento: compréndela. Si estuviese agobiada con la preparación de un festival, no la abordes de manera impetuosa para exponerle nimiedades que no aportan más que tensión (que el lugar del evento es frío, muy cálido, muy grande, muy pequeño, que desde la ubicación que ocupas en la coreografía no se te ve la gargantilla nueva, que no llegas a bajar esos kilitos para entrar en el traje que debes llevar, etc).

Colabora con ella en estos detalles. Tal vez, con el trajín, no llegue a darse cuenta de que lo has hecho, pero tu sí lo sabrás y tarde o temprano la "cortesía" se te devolverá por otro lado, lo puedes tener por seguro. Hay que tener en cuenta que con tu maestra tendrías que comportarte tal y como te gustaría que algún día -si planeas ser maestra también-, te trataran y consideraran tus futuras alumnas.

NO TE "QUEJES" DEL SITIO QUE  OCUPA TU MAESTRA,  si crees que tú, como alumna, la has superado en algo, porque si ella ocupa ese sitio es precisamente porque ha llegado primero y tiene más experiencia.

Esto no significa que estés condenada a sentirte "inferior" frente a ella, porque, de hecho, una buena maestra debería formar gente que la pueda superar; sólo así evoluciona el arte y la educación. Lo que pretendo remarcar es que si has logrado dominar una habilidad que distingue a tu maestra (p.ej: doble velo de seda) sería bastante desacertado ponerte a gritar a los cuatro vientos que eres mejor que ella, ante tus compañeras u otras profesionales que conozcas. ¿Por qué? Porque ella, de algún modo, te mostró esa habilidad primero, una habilidad que no tenías al principio. En la intimidad, tú puedes pensar lo que quieras, y "celebrarte" como la mejor si lo deseas... pero, piénsalo bien, en el fondo es una actitud bastante infantil, que no lleva a nada, tal vez a palmear la espalda de tu titubeante ego... pero poco más.

Es importante que seas consciente del lugar que ocupas. Esto no quiere decir que siempre estarás en el mismo lugar. Porque de sobras conocemos casos de alumnas de estrellas convertidas en estrellas. Así que, si podemos confiar en que con esfuerzo y trabajo algún día llegaremos a ocupar otro sitio, no tiene sentido reclamar anticipadamente un lugar para ti o peor, ¡querer quitárselo a tu maestra! Hay lugar para todas, y cuando sea tu momento, no lo dudes... te harás un lugar. El que te corresponde.

TU MAESTRA NO TIENE POR QUÉ REGALARTE TODO, sólo porque tú eres su alumna.

A veces se da el caso de que hay alumnas que por haber hecho un curso / taller se siente con el "derecho irrevocable" de exigir que su maestra "le pase" las canciones que se escucharon a lo largo de la clase. También he conocido el caso de una alumna que sin permiso alguno, se dispuso a grabar a la maestra que impartía el taller, y una vez sorprendida (e interrumpida) en tal acto, se quejó airadamente -paralizando una clase llena de gente - porque argumentaba que "había pagado su taller".

El hecho de pagar un intensivo no significa que, como alumna, puedas manejar la imagen de tu maestra como te plazca. No has comprado su imagen: compraste un contenido que se te ofertó por escrito en algún cartel, flyer o e-mail; compraste una serie de datos técnicos que puedes llevarte a casa o bien: 1) grabando a tus compañeras -que seguramente querrán que las grabes para compartir lo aprendido- o 2) tomando notas, como se ha hecho siempre.

Si una maestra no considera oportuno el hecho de que la grabes en video, y te lo expresa, ella realmente no está faltando a ningún compromiso comercial contigo, salvo que en la información del taller se haya publicitado claramente "puedes grabar a la maestra bailando la coreografía!".

Aquí no se trata de quitarte tu derecho a disponer de un medio que te ayude a reforzar/memorizar lo aprendido... ya que siempre tienes a tu alcance los 2 medios que antes nombré.

De todas formas, en este punto hay discrepancias. Hay maestras que permiten que las graben y no por eso incurren en algún error profesional: sencillamente, se sienten bien así y lo hacen sin preocuparse. Hay otras que regalan la música de la coreografía que se ha trabajado y hay personas que no están de acuerdo en eso y prefieren incluirla en un recopilatorio que luego venderán o incluirán en el "paquete" del curso completo. Lo que no sería correcto, con respecto a la música, es que tú, siendo alumna, preguntes el nombre de la canción que has estado bailando y se nieguen a proporcionártelo. Si tu maestra lo sabe -a veces no lo sabrá-, debería decírtelo para que puedas conseguirla y repasar lo visto en clase.

En definitiva, para cerrar este punto, hay que tener en cuenta que ninguna maestra está "obligada" a regalarte material didáctico de ningún tipo que no haya ofrecido primeramente a la hora de anunciar su curso o taller. Y si tienes dudas, deberías preguntarle cómo se maneja sobre ciertos temas (la música, las grabaciones, etc) y luego, si estás de acuerdo con su manera de trabajar, tú decides si deseas asistir a sus talleres/clases o no.

Y ahora vayamos ahora al otro lado de la relación "maestra-alumna"...

SI QUIERES QUE TUS ALUMNAS RESPETEN TU IMAGEN, respeta la de ellas.

Si durante un taller, encuentro o evento determinado realizas fotos y tus alumnas no se han percatado, sería adecuado que, antes de publicarlas, avises o comentes que las subirás a algún medio online público, para dar la posibilidad a que alguna persona exprese su negativa por la razón que crea conveniente (exceptuando casos atípicamente severos en los que alguien pide ser borrado de todas las imágenes captadas). Avisar y pedir permiso no te cuesta nada...y así darás el ejemplo para que ellas también te pidan permiso a la hora de grabar o sacar fotos en tu clase.

NINGUNA ALUMNA ES TU PERTENENCIA, ni te debe su vida, por eso no alientes una insana dependencia.

Antes, si quieres afianzar un vínculo con tus alumnas hazlo concentrándote en buscar una formación de más calidad para ellas, (implique esto tenerte a ti de maestra por mucho tiempo, o recomendarles ir con otra profesional). Si una alumna siente que procuras su bien, seguramente confiará en ti y en tu palabra, y de esta forma, te respetará de manera natural.

La maestra que busque crear un "clan" o "séquito" en el que la alumna no es libre de decidir si quiere permanecer o no, debería revisar bien las motivaciones que le llevaron a querer estar frente a una clase, porque tal vez, más que difundiendo una forma de arte, esté supliendo una carencia personal que podría afectar el desarrollo del talento de las que aprenden con ella.

Todo en su justa medida: no está mal que una maestra quiera formar un grupo de alumnas "fiel y cumplidor" con el objetivo de montar proyectos lindos que precisan de compromiso y constancia, porque, admitámoslo...¿quién, siendo maestra, no ha soñado con tener algo así?; pero aquí hablo de los casos que rayan en lo enfermizo, las que siembran el temor en aquellas alumnas que un día expresan su voluntad de salir del "clan acaparador" y probar otra metodología, otra manera de enfocar la danza, otra clase con otra profesional.

¿Parece un cuento de terror esto que digo? Pues sí, existe, es real. Y lo peor es que este tipo de vínculo puede, en apariencia, convencer a los de afuera de que hay gran respeto desde la alumna hacia la maestra, pero en el fondo... no es auténtico. Es impuesto, por lo tanto, artificial y, más tarde o más temprano, endeble.

LA SOBERBIA NO AUMENTA EL RESPETO HACIA TI: jamás pierdas tu humildad.

Hay muy pocas maestras, de los 3 perfiles que delineamos al principio, que se resistan a caer en la suprema tentación de olvidar la inicial humildad con que solían trabajar y dirigirse a todos, tanto colegas como alumnas. Cuanto más éxito van logrando, de pronto comienzan a considerarse una de las pocas "autoridades" capaces de impartir correctamente tal o cual estilo... degradando así, de manera sutil, el trabajo de otras personas (aunque ésa, en el fondo, no sea su intención). Seguidamente, la maestra no tardará en pasar del estado de "autoproclamación" a cierto "abuso de poder" dentro de la clase, y de allí su soberbia pasará a competir con otros profesionales y sus compañías de danza, escuelas, etc.

Si la maestra se empeña demasiado en hacer saber a todo el mundo quién es, y qué lugar ocupa dentro del mundillo, y de paso coloca con cierto desdén el sitio de las alumnas en un plano groseramente inferior (recurriendo a comentarios crueles, malos tonos en las contestaciones, opiniones maliciosas, etc), entonces volvemos a la cuestión que vimos antes, la del temor. Aquí, por soberbia de la maestra, la alumna "guarda su sitio" porque tiene miedo de las críticas, comentarios negativos o directamente, de quedar en ridículo, pero no porque sienta verdadero y afectuoso respeto. Lo más grave de estos casos es que las alumnas, así tratadas, corren el riesgo de repetir el mismo patrón de conducta el día que ellas mismas sean maestras, porque lo ven "normal" para ser respetadas. Y así ya tenemos el nefasto ciclo cerrado.

¿Conclusión? Es muy necesario que una maestra sea consciente del poder que tiene su posición y de lo que éste genera alrededor y sobre todo, dentro de ella misma.
Si se siente muy buena en algo, es correcto que disfrute y celebre esa habilidad conseguida con tanto esfuerzo,  y la mejor forma de "celebrar" esa capacidad conquistada es trabajando con más fuerza y alegría, evitando al mismo tiempo el querer "publicar" a cada minuto aquello que la aventaja y la hace sentir superior.

Creo que ya tenemos demasiados ejemplos de soberbia aplicada en la vida cotidiana (llámense jefes altaneros, vecinos que creen que son dueños del bloque donde vivimos, madres y padres algo déspotas, novios/novias controladores, etc) como para querer entrar en una clase de un Arte maravilloso y encontrarte con más de lo mismo de lo que abunda allá afuera... ¿no les parece?.

DIRIGE LAS CRÍTICAS HACIA TUS ALUMNAS SIN BRUSQUEDAD, pero de forma clara.

Este punto se toca mucho con el anterior. Las críticas de una maestra en clase suelen a veces ser un tema que levanta polvareda. Para asegurar que una alumna escuchará ("respetará") lo que se le marca, es vital que la maestra apele a cierta delicadeza a la hora de dirigirse a ella, y más cuando no la conozca demasiado por ser nueva en la clase.

A lo largo de un curso, hay que poner empeño en tratar de conocer a las alumnas, entendiendo sus puntos débiles y fuertes, sus motivaciones, inquietudes y lo más importante: el estado de su autoestima. Pero atención: no digo que haya que hacer a cada una un estudio psicológico, diván y block de notas en mano. Sólo digo que con observar un poco cada día, una maestra ya tiene la capacidad de perfilar un carácter, aproximadamente. Y en base a éste, debe elegir los mejores medios que empleará a la hora de enfrentar a la alumna con una contrariedad: "lo está haciendo mal". Porque esa chica, además de estar expuesta -e indefensa, gracias a su error- frente a las demás, lo último que necesita es que se le hiera su autoestima con un comentario desafortunado o demasiado agresivo. Hay gente a la que le sirve "picarla" para incrementar sus deseos de mejorar y hay otra a la que esto podría resultarle devastador.

Una crítica, además de la exposición de un error, debería ser (según cómo es formulada) un estímulo para que la alumna supere el escollo. De aquí que habrá veces que se eche mano de:

  1. El sentido del humor (exageraciones, imitaciones de gestos, narración de alguna historia graciosa relacionada con lo que se está trabajando, etc)
  2. La ejecución del ejercicio al lado mismo de la alumna para mostrarle la forma correcta de realizarlo
  3. La marcación del error como "cosa general" sin mirar directamente a quién lo cometió (en caso de que se tratara de una persona muy sensible)
  4. Una marcación contundente y directa, pero al mismo tiempo, alentando con confianza a la alumna
  5. De una sugerencia. No es tan brusca y finalmente logra mostrar una vía alternativa de resolver la dificultad

Estos son algunos de los muchos recursos que una maestra va aprendiendo a lo largo de su vida docente. En los casos descriptos, el punto en común con todos es que la crítica debe realizarse de manera CLARA. Esto quiere decir que si marco un error, me tengo que asegurar que a la alumna le estoy aportando alguna información constructiva, o mejor, que lo que le estoy diciendo le "servirá" para entender dónde y cómo falla. Si éste no fuera el caso... la crítica sobra y entonces estaríamos pasando a cierto abuso de poder: el criticar por criticar, como instrumento de atemorización.

A VECES LA MAESTRA DEBERÁ SER FIRME...

Y no estará mal. Porque estará delimitando espacios o momentos de la clase donde no debería charlarse, o marcando ciertas pautas a la hora de preparar una coreografía donde hay muchas "cabecitas opinantes"...

La maestra no debe temer a mostrar sus límites -que en cierta forma, hablan mucho de su manera de trabajar-, puesto que si no hace en el momento adecuado, y con la seguridad necesaria, luego parecerá una actitud fuera de tono o incomprensiblemente agresiva. Todo tiene que ver con las maneras en que se plantean las reglas. Lo mejor, según mi experiencia, es siempre, siempre LA CLARIDAD. Las alumnas deben saber de qué manera trabajarán, que no podrán hacer, qué sí podrán hacer y dónde y cuándo. Ellas tiene el derecho de conocer "el campo" en el que se moverán (las clases, la metodología, las formas) y la maestra tiene el derecho de trabajar como mejor se sienta.
Y así, si todas, maestra y alumnas, se sienten bien en el espacio y la manera en que trabajan, entonces se respetarán mutuamente.

 

Bueno, chicas, hasta aquí expongo mis propuestas. Seguro que hay más aspectos por cubrir, pero por el momento creo que éstos son algunos de los más importantes y los que causan conflictos con más frecuencia.

Espero, de corazón, que estas palabras sirvan para seguir reflexionando sobre las soluciones a estos problemas, y así lograr vínculos cada vez más éticos, más respetuosos con el aprendizaje y la enseñanza,  y sobre todo, más llenos de amor hacia la actividad que compartimos y que dio pie a todo este artículo.

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